Magia Curativa es el Libro de Escritura Creativa de los Alumnos del curso 2019-2020, una antología colectiva que recoge obras seleccionadas desarrolladas en los talleres de la Escuela de Escritores. Esta publicación forma parte de la serie editorial anual de la Escuela, creada para mostrar la producción literaria de sus alumnos en múltiples géneros: ficción breve, narrativa corta, poesía, ensayo y textos creativos experimentales.

El volumen destaca por su diversidad de voces y estilos, que reflejan el enfoque pedagógico de la Escuela: fomentar la expresión personal, perfeccionar la técnica narrativa y explorar la imaginación como herramienta central de la creación literaria. Cada texto ofrece una visión singular del mundo -que va de lo cotidiano a lo fantástico, de lo emocional e introspectivo a lo lúdico-, afirmando que la escritura puede ser tanto una experiencia íntima como un puente hacia una comunidad más amplia de lectores.

En esta edición, Ana Magnolia Méndez Cabrera contribuye con la pieza de ficción flash «Ojos de vivo». Breve pero intenso, el texto combina la economía expresiva con la fuerza simbólica, demostrando el poder de condensar emoción, imaginería y sugerencia en unas pocas palabras cuidadosamente elegidas.

Ojos de los vivos

Me han llamado para recuperar el cadáver de Rogelio Morales. Dicen que está colgado de una puerta y que se le puede ver desde la calle. Temen que, con los vientos huracanados, se lo lleve el viento y esparza su hedor. Me han llamado para que lo recoja, ya que el fiscal ha vuelto a su ciudad natal, y me han dejado tirado: ningún barco cruza la bahía cuando se anuncia un ciclón.

Qué suerte, estrenarme en la eliminación de cadáveres con un suicidio. Me pregunto por qué no pudo ser un asesinato o un accidente de tráfico.

Pero no, he tenido que descolgar de una cuerda un cadáver de tres días, precisamente hoy, cuando se acerca el ciclón y la ciudad está vacía. Necesito una bebida: ron o mamajuana. Busco en la casa algo para embotar mis sentidos y encuentro una pequeña botella de ron. Me la trago de un trago y, aunque me estremezco, consigo retenerla.

Ahora me dispongo a entrar en la casa de Rogelio Morales, que, a pesar de las quejas de los vecinos, no apesta. Cruzo la puerta que conduce a la habitación donde cuelga el cadáver. Efectivamente, cuelga allí, y todas las contraventanas de la casa están abiertas. Me acerco y miro la cara de Rogelio. Me devuelve la mirada con cierto grado de satisfacción.